Al final de la página o en siguiente encale está habilitado un acceso a la Base de datos de Objetos robados de la Guardia Civil e INTERPOL.

viernes, 7 de febrero de 2014

Robar obras de arte es un ‘mal negocio’


La Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional ha recuperado 27 obras robadas hace más de un año en un local del distrito madrileño de Chamartín, propiedad de un marchante que presentó la oportuna denuncia. Se trata de un botín en el que figuran cuadros de Teniers, Vicente López, Fortuny, Álvarez de Sotomayor, Romero Resendi, Wifredo Lam, Grandío y, entre otros, el alemán Wols. Estaban en un local habilitado para vivienda en Moratalaz, donde vivía uno de los ladrones con su pareja.

Millares de obras de arte se roban en el mundo cada año pero ante la dificultad de darles salida deben ser ocultadas en el mayor de los secretos sin salida posible a corto plazo y bastante problemático en el largo; porque, incluso las de autores menos conocidos, suelen estar registradas y catalogadas (datos técnicos, propiedad e incluso historial) y ello impide mostrarse en una colección o decorando un espacio a la vista de terceros, por lo que deberán guardarse a fin de intentar borrar cualquier pista posible. Por otra parte la denuncia del robo lleva a que las obras queden registradas en la base de datos de la policía (‘Dulcinea’ en la Policía española y también en la de la Interpol).

A una obra de arte no se le puede borrar su autoría ni camuflarla porque eso le quitaría el valor potencial. Deberá permanecer inalterable y sus señas de identidad quedan a la vista de cualquier avisado. Máxime cuando la obra de arte es un signo de representación considerado desde la remota antigüedad; tener un Goya, un Picasso o un Van Gogh… es algo que un coleccionista no puede mantener en secreto. Y si lo hiciera, porque guarda la obra para su propio goce, sería una sinrazón. Porque a la hora de transmitirla por herencia, con la obra traspasaría a sus sucesores un ‘secreto’ a mantener y eso es simple colaboración con la delincuencia y ocultación de lo robado.

El robo de obras de arte es un ‘mal negocio’ para el ladrón y también para el comprador si lo encuentra. Y siempre será el hilo de una madeja que llevará, antes o después, a resolver el delito.