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sábado, 4 de enero de 2014

Un estudiante halla la cabeza y la mano mutiladas de la escultura ´Muchacho I´ en Las Palmas de GC


La policía amplía la investigación

Si es detenido, el responsable puede ser castigado con hasta tres años de prisión



La cabeza y la mano de bronce pertenecientes a la escultura Muchacho I del artista grancanario Manolo González, que fueron mutiladas la pasada semana cerca de la Biblioteca General de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), aparecieron el pasado sábado en las inmediaciones de la misma zona, en el Campus de Tafira. Las piezas seccionadas se encuentran ahora mismo en dependencias policiales de la capital grancanaria para la toma de huellas, según apuntó Conrado Domínguez, gerente de la ULPGC. Al parecer, un estudiante la encontró en buen estado, próxima a la biblioteca y la entregó a los encargados de una residencia privada cercana donde reside. Así lo afirmó la vicerrectora de Cultura, Deporte y Atención Integral de la Universidad de la ULPGC, Isabel Pascua.

"El sábado por la tarde nos avisaron de que había aparecido por allí mismo. Inmediatamente llamé al rector. Nos enteramos de que un estudiante de la residencia privada que está muy cerca de la Biblioteca la había encontrado, por lo visto, días antes, y lo había comunicado a la residencia, pero se había ido de vacaciones como todos los demás. Estamos esperando a que vuelva. Pero eso ya está en manos de la policía y seguridad", aseguró Pascua, quien afirmó que un señor de la residencia le había confirmado que efectivamente la cabeza estaba allí guardada y que había sido un chico el que la había encontrado.

El gerente de la ULPGC, Conrado Domínguez, se alegró del hallazgo, pero aún desconocen más datos sobre la autores, que pueden ser castigados con una pena de prisión de hasta tres años, el modo y el lugar exacto donde se localizaron las piezas. "Se va a ampliar hoy [por ayer] la denuncia que ya se presentó y las hemos llevado a la Policía para que pueda tomar huellas y declaraciones para intentar identificar a los que lo hicieron. Por lo que nos dicen, alguien la encontró en los alrededores de la Biblioteca y la llevó a la residencia. Hasta ahí sabemos", explicó Domínguez.

El escultor Manolo González señaló que "estaría bien que se supiera quién fue, para que conociera que la hazaña no tiene ninguna gracia, que es mejor ser héroe creando y no destruyendo, pero eso depende de la psicología de cada cual", al mismo tiempo que lamentó que como personas civilizadas, se tenga que "soportar a este tipo de cerebros sueltos".

Con respecto a la reparación de la figura escultórica de bronce, González explicó que no conlleva ningún problema. "Pone más fácil todo, que tener que rehacer la cabeza y la mano. Sea el corte basto o limpio, se puede arreglar el bronce sin que quede huella evidente. Hasta aquí la hazaña del bárbaro y ahora empezamos a reconstruirla y no dar más vueltas al asunto. Serán 10 ó 12 kilos entre la mano y la cabeza", dijo el artista. Por su parte, el rector de la ULPGC, José Regidor, expresó "por lo menos alegría y alivio" y anunció que se reunirá con el creador grancanario, el equipo de gobierno y de seguridad de la Universidad para sopesar si dejarán la estatua en el mismo lugar o "cambiarla en el entorno de la Biblioteca, pero un sitio menos inhóspito".

"Estoy un poco más tranquilo. La pieza está en buenas condiciones. Es una pena que esa sea la forma de divertirse de las personas que hayan intervenido. Lo que daña es que un patrimonio dentro de la universidad, para disfrute de todos, sea dañado. No tiene lógica ninguna y es muy lamentable. Lo que me preocupaba era recuperar la pieza y restaurar la estatua", comentó Regidor.

El escultor también recordó que se ha cometido un daño contra un patrimonio de toda la sociedad canaria. "Tengo el derecho moral sobre la obra, pero una vez que es pública, es patrimonio de todos, y sobre todo, de la propietaria, que es la Universidad", explicó González. Como el rector, contempla la posibilidad de mirar "una ubicación un poco más cerca de la Biblioteca, en la que la obra sea menos vulnerable". "Ahora está en la entrada del edificio, pero hay un gran pasillo, 50 metros hasta llegar allí. De todas maneras hay que asumir que ante la creatividad del malhechor, siempre hay un riesgo", dijo.

Fuente: La Provincia