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miércoles, 9 de enero de 2013

El detenido por comerciar con la vasija ibera no está registrado como anticuario


La Federación Española de Anticuarios no tenía conocimiento hasta ahora de la existencia del vendedor de antigüedades detenido hace una semana en El Campello (Alicante) por guardar en su establecimiento una vasija ibera del siglo II a. C. José Ferrer, presidente de la Asociación de Anticuarios de la Comunidad Valenciana, descarta interceder en el proceso judicial abierto contra el citado anticuario, puesto que éste «no pertenece al gremio». «No conocemos la tienda de El Campello ni su participación en ninguno de los encuentros del sector, como Feriarte o la de Almoneda en Madrid o la Fira de Barcelona», detalla este anticuario con cuarenta años de trayectoria.

«Lo primero que yo haría si alguien entrara en mi tienda con una pieza de arqueología es rechazarla y aconsejar al portador que dé parte a la Dirección General de Patrimonio», apunta. La colaboración de los anticuarios con los efectivos del Seprona es habitual; ayudan a identificar falsificaciones y a menudo ponen a los agentes en la pista de obras robadas o expoliadas. Casos como el de la vasija ibera preocupan al gremio por la imagen distorsionada que proyectan a la sociedad sobre su profesión.
El protocolo dicta la obligación de exigir la documentación de la obras que se adquieren. En el caso de piezas arqueológicas, la ley de Patrimonio establece que la propiedad es exclusiva del Estado, de modo que no cabe comercialización alguna. La única vía legal que tiene un coleccionista español de arqueología es adquirir en el extranjero piezas cuyo origen esté certificado también fuera de nuestras fronteras.

Especialización

Cada anticuario tiene normalmente un área de especialización -artes suntuarias, siglo XVIII, pintura del XIX, marfil antiguo...-, lo que en ocasiones impide que pueda emitir un juicio inequívoco sobre la autenticidad o legalidad de una pieza. «Por eso, un profesional honesto no para nunca de estudiar y solo compra aquello que puede defender», explica Ferrer.
«Los verdaderos profesionales tenemos tan claras este tipo de cosas que no puedo evitar pensar que este hombre actuó más por ignorancia que con mala fe», opina Ferrer. «Todo es tan infantil que da la impresión de que debía ser una persona con poca experiencia en el sector y que no sabía lo que tenía. Tampoco pienso que pagara mucho por ella».
Según este especialista, el problema de base estriba en la ligereza con la que se conceden licencias para ser anticuario, sin examen previo alguno. «Si quieres tener una tienda de antigüedades solo necesitas un número fiscal como cualquier otra empresa, cuando la realidad es que son necesarios unos conocimientos básicos».

Fuente: ABC