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jueves, 26 de julio de 2012

Piezas de coleccionistas se vuelven intocables para los museos de EEUU


Los museos ajustan las reglas para aceptar donaciones y las casas de subastas son cada vez más inflexibles: deben acompañarlas de la documentación que acredite legalidad.

En las tres décadas que pasaron desde que David Dewey, de Minneapolis, empezó a coleccionar antigüedades chinas, ha donado decenas a museos, con lo que ha enriquecido el Instituto de Artes de su ciudad, así como el Middlebury College de Vermont, donde estudió mandarín. Pero sus días de donaciones han terminado, dijo, debido a las normas que ahora siguen todos los museos respecto de lo que aceptan. "No las aceptan. No pueden hacerlo", dijo.

Alan M. Dershowitz, el profesor de derecho de la Universidad de Harvard, se encuentra en una situación similar. Colecciona antigüedades y quiere vender un sarcófago egipcio que compró en Sotheby’s a principios de los 90, pero no puede hacerlo, dijo, porque las casas de subastas instrumentan políticas más inflexibles respecto de lo que pueden aceptar en consignación. "No puedo conseguir documentación del momento en que salió de Egipto", dijo.

En EE.UU., las medidas que se toman para obstaculizar la negociación de objetos robados hacen que a los coleccionistas les resulte más difícil donar o vender tesoros culturales. Los museos ya no quieren objetos que carezcan de una historia documentada hasta 1970, la fecha que fijó la Asociación de Directores de Museos de Arte.

Las normas, redactadas en 2008, han sido objeto de elogio por parte de países que tratan de recuperar objetos y de arqueólogos que quieren estudiar esos objetos en su emplazamiento original.

Pero el cambio de posición ha dejado a los coleccionistas en posesión de objetos que, dicen, compraron de buena fe a vendedores respetables muchos años atrás.

Los coleccionistas y quienes los apoyan pronostican que los museos, los estudios culturales y los propios objetos resultarán perjudicados conforme se desalientan las donaciones importantes. Kate Fitz Gibbon, una abogada del Instituto de Investigaciones en Política Cultural, que tiene sede en Santa Fe, Nuevo México, advirtió que "si continuamos por esta senda, podría no haber una próxima generación de coleccionistas, donantes y protectores del arte antiguo, por lo menos no en EE.UU".

Otros consideran que la perspectiva de Fitz Gibbon es exagerada.

"Las colecciones de antigüedades destruyen más de lo que salvan", dijo Ricardo J. Elia, un profesor de arqueología de la Universidad de Boston que se especializa en el mercado de arte global. "El mercado del arte, la oferta y la demanda, impulsan el saqueo".

Durante siglos, los coleccionistas contribuyeron a definir el gusto artístico y han sido la columna vertebral de los museos.

Sin embargo, el comercio de antigüedades comienza con un acto de apropiación: la retirada de objetos de su lugar original y su traslado a otro donde, en el caso de los museos, son accesibles a los académicos y al público.

"Los coleccionistas saben que, sin documentación de origen, es imposible determinar si en un primer momento un objeto se adquirió por medios ilegales o destructivos", dijo Neil J. Brodie, arqueólogo y ex director del Centro de Investigación de Antigüedades Ilícitas de la Universidad de Cambridge.

El endurecimiento de las normas se aceleró hace varios años como consecuencia de escándalos en torno a grandes compras del Museo J. Paul Getty de Los Ángeles y otras instituciones. Las nuevas normas desalientan a los museos de comprar o aceptar objetos que no pasen la prueba de 1970 o carezcan de un permiso de exportación del país de origen.

Hace unos años, el Instituto de Investigaciones en Política Cultural estimó que 111.900 objetos antiguos griegos, romanos, etruscos y de culturas relacionadas se encuentran en manos privadas en los Estados Unidos y "sin documentación de origen".

Arthur A. Houghton III, el presidente del instituto, dijo que es probable que, si los museos los rechazan, esos objetos "huérfanos" vayan a parar a manos privadas fuera del país. Pero el profesor Elia minimiza la cuestión de la "orfandad" y la califica de "mitología" condescendiente. "Ante todo, ignora el hecho de que la venta y la colección son la causa del saqueo", señaló. "Por cada objeto que los saqueadores, vendedores y coleccionistas `rescatan’, hay una larga serie de lugares destruidos, de conocimiento perdido, objetos rotos y leyes violadas".

Los coleccionistas se sienten incómodos. Temen que presentar a subasta objetos sin documentación los exponga a litigios de otros países o, tal vez, a una confiscación de autoridades estadounidenses en representación de esos países.

Houghton sugiere una amnistía para los coleccionistas que presenten datos y fotografías sobre objetos en posible disputa en una base de datos "creíble y neutral". Si el objeto no es reclamado tras cierta cantidad de años, dijo, su propiedad ya no podría impugnarse.

Dershowitz señaló que no le preocupa la imposibilidad de vender el sarcófago egipcio de madera que compró en Sotheby’s. Por ahora, está en un limbo. Mientras tanto, dijo, tiene en su casa otro sarcófago egipcio que ni siquiera trata de vender. "Conservo ese en la casa", declaró, "en el hall".

Fuente: Revista Ñ