Al final de la página o en siguiente encale está habilitado un acceso a la Base de datos de Objetos robados de la Guardia Civil e INTERPOL.

domingo, 15 de julio de 2012

En Uruguay hay más falsificación y menos robo de arte


Parece difícil imaginar que un país como Uruguay, con un mercado de arte reducido y de modestas cotizaciones en comparación con la esfera internacional, exista una mafia organizada dedicada al robo de obras del patrimonio artístico e histórico del país. No obstante, no hace tanto tiempo, en 2005, se interceptó un camión que intentaba pasar los controles de la Aduana de Gualeguaychú con un contrabando de 60 cuadros, la mayoría de artistas uruguayos, por un valor estimado de US$ 1 millón.

Ese mismo año se descubrió que el autor del robo del óleo de Juan Manuel Blanes El gaucho de la sierra del Museo de Bellas Artes de Salto había sido Yubert Segade, una de las dos personas que hurtó con posterioridad tres cuadros de Figari en San José. Para ambas obras el delincuente ya había recibido la oferta de distintos compradores, según expresó a la Policía.

El reciente robo del cuadro de Figari del despacho de la intenta de Montevideo Ana Olivera, sin embargo, resulta “inentendible” a los ojos Gabriel Peluffo, director del Museo Blanes –institución que había dado en préstamo esa pintura al Palacio Municipal- teniendo en cuenta que se trata de una obra con un valor de entre US$ 8.000 y US$ 10.000. Sin embargo, para el arquitecto William Rey, expresidente de la Comisión Nacional de Patrimonio, este robo “tiene un grado de organización detrás, porque para poder robar obras de ese tipo hay que luego acceder al mercado que las coloca bien”. A seis meses del hurto del cuadro de Figari, la policía no tiene rastros de la obra ni cuenta con ningún sospechoso.

De acuerdo a Rey el robo y la falsificación de obras de arte en Uruguay están operando en el país “hace mucho tiempo y nadie les pone el ojo”.

No obstante, otros entrevistados desestimaron la importancia del mercado negro de arte en el país. Para Juan Castells, de la tradicional firma de remates Castells & Castells, robar arte en Uruguay es muy difícil porque “su comercialización es extremadamente dificultosa”.

Así también lo afirmó Martín Castillo, de la Galería del Sur, de Punta del Este: “Cuando una obra es identificable no tiene circulación, ya que los compradores son muy pocos y todo el mundo está interconectado. Cuando uno quiere vender una obra de Torres García o de Figari son diez o quince personas las que se ocupan en el mundo de ese tema y los compradores son apenas unos cincuenta”.

Los niveles de inseguridad a los que se ven sometidas las obras, sin embargo, no proceden solo de los robos sino también de los problemas de infraestructura y seguridad edilicia de los propios museos, muchos de los cuales corren serios riesgos de sufrir devastadores incendios. “Uruguay no recibe exposiciones internacionales porque no brinda la seguridad necesaria. Muchos museos en el interior están regalados. Uruguay no solo esta perdiendo patrimonio, sino también recursos económicos”, señaló Rey.

Falsificaciones. Lo que sí parece tener más desarrollo a nivel local, según los testimonios recogidos, es el negocio de las falsificaciones.

“Me consta que en Uruguay hay una línea completa de falsificación, negociación y restauración de obras de arte. Sabemos bien que la obra de Figari y de Torres García ha sido asediada. Muchas veces las falsificaciones se intentan colocar en el mercado nacional, aunque algunas pueden ir al internacional. Además, cualquiera que vaya a Tristán Narvaja puede ver obras que se venden como si fueran de Barradas a $ 500 u $ 800“, indicó Rey. Tanto el expresidente de la Comisión de Patrimonio como el rematador Ernesto Prilassnig, de Artes & Alhajas Subastas, concuerdan en que incluso hay personas que se dedican a la certificación de obras falsas, algunas de gran calidad.

De acuerdo a Prilassnig, su empresa está “constantemente” rechazando arte falsificado. “Es sorprendente que incluso esto pasa con la obra de artistas de menos cotización como María Freire o José Pedro Castigliolo”, indicó.

Castells, por su parte, señaló que han constatado una baja del rechazo de obra falsa, aunque piensa que es porque su firma “se ha puesto muy dura con ese tema y entonces los falsificadores buscan otras vías”.
Hace cuatro años Castells & Castells sufrió las falsificación en carne propia, cuando trascendió que una obra atribuida a Manuel Espínola Gómez figuraba en el catálogo del remate de arte contemporáneo de la firma en 2008, según informó El País.

Para evitar la propagación de las falsificaciones, afirmó Rey, es necesario desarrollar medidas que faciliten la trazabilidad de la obras. “Los inventarios de algunos museos son de risa. Tienen cero nivel de digitalización. Es una situación patética”, sostuvo.

A esto se suma que no hay en el país especialistas en falsificación de obras de arte. Los certificadores suelen ir por autor y muchas veces son llevadas a cabo por miembros de la propia familia de los autores, como es el caso de Fernando Saavedra Faget, bisnieto y certificador de la obra de Figari.

Prilassnig señaló, por su parte, que su compañía ha tenido problemas con la certificación de autores como Blanes y Freire por falta de expertos en la obra de estos pintores. Indicó, además, que la Asociación General de Autores del Uruguay (AGADU) les retiene un 3% de las ventas de las obras para destinarlo a las familias de los artistas, pero que no pueden contar con este organismo para verificar la autenticidad de las obras. “Habría que tener un gran apoyo de parte de las autoridades estatales para que determinen quiénes son los certificadores reconocidos”, sostuvo.

En lo que todos los consultados parecen coincidir, sin embargo, es en el vasto patrimonio artístico del país. Así lo expresó Rey: “Uruguay tiene en materia de arte un patrimonio excepcional, son autores de la talla de los argentinos y los brasileros y más importantes también; si no cuidamos eso no sé qué estamos cuidando entonces”


Fuente: El Observador