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martes, 25 de diciembre de 2012

El 2012, año de récords en ventas y robo de arte



El sector del arte volvió a alzarse en 2012 como un puerto de inversión seguro en medio del temporal económico y no sólo porque el mercado creció, sino porque además dejó varios récords para la historia. Además del éxito en las subastas, el año estuvo marcado por sonadísimos robos, descubrimientos de importantes obras y grandes exposiciones, y no exento de agridulces anécdotas.
El 2012 volvió a dejar claro que en mundo del arte no hay crisis: 78 millones de dólares se pagaron por un cuadro de Mark Rothko, 45 por uno de Roy Lichtenstein, 37 por una obra de Joan Miró, 42 por un bodegón de Picasso y 34 por un abstracto de Gerhard Richter. Pero el auténtico hit del año lo marcó la subasta en Nueva York de uno de los cuatro originales de El Grito del noruego Edvard Munch, que según medios estadounidenses compró el millonario estadunidense Leon Black por casi 120 millones de dólares el pasado mayo.
A mediados de noviembre, Sotheby's anunciaba en Nueva York la subasta más exitosa de su historia con casi 400 millones de dólares en ventas y sólo un día después su rival Christie's conseguía recaudar más de 425 millones en una sola noche, marcando un nuevo récord que coronaba un año en el que cambiaron de manos por precios de infarto obras de artistas como Paul Cézanne, Henri Matisse, Edward Hooper, Salvador Dalí, Rufino Tamayo o incluso del artista italiano renacentista Rafael.
Sonada fue también la subasta de la colección de Gunter Sachs por casi 65 millones de dólares y con polémica vendió la baronesa Carmen Thyssen The lock, de John Constable, por más de 35 millones de dólares, otro récord para una pintura del paisajista inglés. Sin embargo, no todos fueron precios de vértigo: el negocio del año hizo una mujer que compró en un mercadillo de Virginia por siete dólares un cuadro que resultó ser una pintura de Renoir valorada en hasta 100 mil.
Por ello, la preocupación que azotó el mundo del arte este año no fue precisamente la crisis, sino más bien la necesidad de proteger las obras y garantizar su origen legítimo, sobre todo después de sonadísimos robos como el de siete pinturas de valor incalculable de artistas como Picasso, Gauguin, Mattise y Monet el pasado octubre de la Kusnthalle de Rotterdam.
Y es que en lo que a robos respecta, 2012 ha sido especialmente agitado: enero comenzaba ya con el de un lienzo de Picasso y otro de Mondrian en la Galería Nacional de Atenas; en abril, la policía serbia encontraba un cuadro de Cézanne robado en Zúrich cuatro años antes. Junio era testigo de una extraña devolución por correo desde Europa de un cartel de Dalí robado una semana antes en una galería de Nueva York por un hombre que simplemente se lo llevó en una bolsa.
En julio, otra devolución sorprendente la protagonizaba una pintura de Lichtenstein valorada en 4 millones de dólares, que tras 42 años desaparecida apareció repentinamente en un depósito de Nueva York. Ese mismo mes, el FBI recuperaba en Miami un cuadro de Matisse robado en un museo venezolano diez años antes.
Robos y también vandalismo, como el protagonizado por un grafitero que pintó en la esquina de un cuadro de Rothko en la Tate Modern londinense. Otro acto “vandálico”, aunque involuntario, que causó un gran revuelo mediático en pleno mes de agosto lo protagonizó la española Cecilia Giménez, una anciana que saltó a la fama al destrozar un Ecce Homo en la iglesia de Borja, en el noreste de España, al intentar restaurarlo en silencio durante años. La historia hizo correr ríos de tinta en clave de humor en los medios de todo el mundo y en las redes sociales.

Fuente: La Jornada