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domingo, 25 de noviembre de 2012

Robar obras de arte no es buen negocio



Con frecuencia el robo de arte es presentado como uno de los crímenes más glamorosos, especialmente en el cine, en donde las tramas se centran en complejas medidas de seguridad y escapadas en auto a toda velocidad.

Sin embargo, hay un defecto que ninguna de las películas parece reconocer: a pesar de los enormes riesgos que corren los criminales y el valor del arte robado, nunca se gana mucho dinero.

"Nueve de cada diez veces, los robos de este tipo son llevados a cabo por personas u organizaciones criminales que aunque tienen la capacidad para cometer el delito, pero que luego no pueden vender las pinturas", dice Robert Wittman, fundador del equipo de robo de arte del FBI y autor del libro "¿Cómo me infiltré para rescatar tesoros robados del mundo".

Según su experiencia, las personas a menudo hacen un buen trabajo para encontrar la manera de cometer el crimen, pero nunca hacen un buen trabajo cuando les toca hacer dinero de ello.

Lienzo sin valor. Wittman recuerda que en el año 2000, tres personas se robaron dos Renoir y un autorretrato de Rembrandt del Museo Nacional de Estocolmo, por un valor de $42 millones. Se organizaron para que explotaran coches bomba que evitaran el acceso de la policía y luego escaparon en un barco de alta velocidad.

Tiempo después, las pinturas fueron recuperadas en Suecia, Dinamarca y Estados Unidos, lo que significa que al final no fueron capaces de rentabilizar ninguna de las obras robadas.

Debido a que son incapaces de vender las pinturas, Wittman dice que los ladrones a menudo tratan de mantener los trabajos hasta obtener los rescates y las recompensas que se ofrecen para su recuperación.

"En los 25 años que he investigado estos robos, nunca he oído de nadie que realmente monetice estas obras tan valiosas", asegura.

"Lo que los ladrones no entienden es que el valor de las obras de arte proviene de la autenticidad, la procedencia y el título legal", explica.

"Si usted no tiene alguna de esas tres cosas, la obra es sólo un pedazo de tela con un poco de pintura".

Para recuperar las pinturas robadas, Wittman a menudo ha fingido ser un comerciante de arte. Las negociaciones, para acceder al objeto robado y poder llevar a cabo alguna acción, podrían tomar de dos semanas a dos años, dice.

"Después del robo de cuatro cuadros a punta de pistola en el Museo de Bellas Artes de Niza, en la Riviera francesa, tuvimos reuniones en Miami, Barcelona, Madrid y Marsella".

"Al final trajeron las pinturas para vendérnoslas", dice.

Con un toque de ironía, concluye: "No es un buen crimen. Te convierte en un hombre de negocios terrible".

Fuente: BBC