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viernes, 6 de julio de 2012

Los 10 fallos de seguridad que pusieron el Códice Calixtino en peligro


  • Los expertos aseguran que la Catedral mantuvo prácticas erróneas y protocolos insuficientes para una pieza tan valiosa.

  • Si no se acaba con las deficiencias, el Códice debería encontrar otro lugar más seguro.


Los fallos de seguridad que acompañaron al robo del Códice Calixtino son tan evidentes que es hora de dejar claro cuáles son las necesidades de una pieza única como el manuscrito dedicado al Apóstol Santiago. El «sancta sanctorum» de cualquier biblioteca o archivo debe cumplir unos estándares que en el caso del robo compostelano han quedado escandalosamente incumplidos.

¿Por dónde empezamos? No había una verdadera cámara acorazada, sino un armario con llave. El acceso a las dependencias tenía un control somero, las cámaras no apuntaban al habitáculo del manuscrito sino a zonas comunes o de paso. Accedían a él personas que no iban a investigarlo sin seguir un protocolo de acceso como es debido.
Por si esto fuera poco, el deán de la Catedral afirmó ayer haber escrito marcas en la última página del Códice (esto hace exclamar a todos los expertos consultados, les parece un «pecado» de mala conservación). El sinfín de fallos clama al cielo y las autoridades autonómicas, que tienen la competencia patrimonial, en coordinación con el Arzobispado, deben poner fin a las deficiencias. Si no, el Códice debería encontrar otro lugar más seguro.

ABC se ha puesto en contacto con expertos en seguridad de manuscritos únicos y su diagnóstico es el argumento de mayor peso para comprender las prácticas de riesgo que se han cometido en el entorno del Códice Calixtino. Este es el diagnóstico:


Los diez fallos de seguridad

1- Reserva es el nombre. Primero hay que saber que una pieza única, sin ediciones comparables en otras bibliotecas se denomina «reserva», un término que sirve para nombrar las «joyas de la corona» de una biblioteca o archivo histórico. La seguridad de un reserva -nada que ver con el fútbol, donde el reserva es el sustituto del titular- supera en todos los ámbitos a la seguridad del resto de los fondos antiguos que sí tienen ejemplares idénticos en otros centros.

2- Control ambiental y doble clave / doble llave. Cualquier reserva debe ser custodiado en una cámara acorazada. No un armario con llave, como era el caso del Códice en el Archivo de la Catedral de Santiago, sino en una verdadera cámara con la misma seguridad que las cámaras de los bancos. Pero con un añadido importante: los manuscritos necesitar tener controladas las condiciones ambientales de temperatura y humedad. Además, la apertura de la caja debe estar sometida a doble llave y/o doble clave, para evitar que en ningún caso una sola persona tenga acceso a la cámara. Quien evita la ocasión... Dejar un tesoro así bajo vigilancia de una sola mano es un error que acaba dando problemas. Tal vez el caso del Códice es la prueba definitiva.

3- Código de bloqueo. Además de la doble llave y/o doble clave numérica, las cámaras acorazadas tienen otro seguro: si se marca dos veces una clave errónea, saltan las alarmas y queda bloqueado el habitáculo. Aunque suene a Ocean's Eleven o a película de la guerra nuclear, toda prudencia es poca.

4- Los 18º Centígrados, 30% de humedad constante. El pergamino es más fuerte que el papel, motivo por el que los manuscritos medievales sobre piel perduran si se cuidan como es debido. No debe darles nada de luz. De hecho es raro que se expongan. Y si salen para una exposición no debe prolongarse más de 3 o 6 meses, bajo estrictas condiciones y dejando el libro descansar en su cámara otro tanto antes de volver a mostrarlo.

5- Cómo manipularlo y quién debe consultarlo. La persona que quiera acceder al manuscrito reserva debe justificar el motivo por el que no le basta consultar un objeto digital (antes había microfilmes). Puede ser un investigador de soportes o de miniaturas y debe identificarse como investigador cualificado. Esto no puede tener excepciones y la manipulación debe cumplir un estricto protocolo de seguridad. También en esto, la Catedral de Santiago ha fallado, al mostrar el manuscrito a personas sin justificación

6- Guantes, cámaras y ojos. Nunca se debe tocar el reserva sin guantes de algodón, porque la grasa de las huellas digitales es nociva para su conservación. Hablamos de una pieza única que debe preservarse para el futuro. El usuario debe estar vigilado en todo momento mientras manipula el manuscrito en un atril. Tanto por cámaras especiales empotradas en el pupitre o puesto de lectura como por vigilantes que no pierdan detalle.

7- Serpientes y amonestaciones. El libro debe abrirse con «serpientes», unos cordones de algodón con pequeñas pesas que abren sin forzar la encuadernación y permiten la lectura con seguridad. El usuario no puede acercarse, ni apoyarse porque el vaho del aliento o la presión indebida perjudican al libro. Por supuesto tampoco se debe permitir el riesgo de mutilación de páginas, por lo que la vigilancia debe ser estrecha y estricta.

8- Revisión completa tras cada uso. Nada más levantarse el usuario, el manuscrito debe ser sometido a una revisión completa porque cuanto antes se detecte cada problema es mejor. Antes de que el investigador llegue a la salida, se debe haber comprobado que dejó el manuscrito como lo encontró. Página a página.

9- Las plagas. Lo que más temen los expertos es que el año que ha pasado en el garaje tenga consecuencias. Dejarlo dentro de una bolsa de plástico es lo peor que podía haber hecho el electricista tras cometer el robo, porque el pergamino transpira y la humedad encerrada en plásticos produce hongos. Esperemos que el Códice no los tenga, o que ningún insecto haya decidido vivir entre sus páginas. El riesgo al que ha estado sometido con cambios de temperatura y envuelto en plástico hace saltar las lágrimas a los expertos.

10- Vuelta a la cámara acorazada. Lo principal es volver a casa, y después de cada uso, el manuscrito reserva debe ser puesto en las condiciones idóneas, sin luz y con la temperatura y humedad constante y controlada. El Códice Calixtino ha sufrido de lo lindo y ahora merece todos los cuidados. Las generaciones del futuro tienen el mismo derecho que nosotros de conocerlo y conservarlo. Pero ello depende de que se siga el criterio de los expertos y no se permitan más frivolidades en su cuidado.


Fuente: ABC