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lunes, 19 de agosto de 2013

Dejar huella en la Alhambra


Rayar un corazón o realizar una inscripción en algún rincón del recinto nazarí es, además de una falta de respeto al legado de la Historia, una infracción penal que puede acarrear cárcel


En los últimos años han sido varias las personas que han intentado dejar su huella en el conjunto monumental de la Alhambra y el Generalife. Se trata de turistas o visitantes que han querido realizar algún tipo de inscripción en las paredes de uno de los monumentos más importantes y visitados del mundo, olvidándose de que es un tesoro arquitectónico protegido y de que sus conductas podían constituir una infracción penal. 

Primero fue un militar jordano, que en agosto de 2011 fue sorprendido en el Palacio de Carlos V grabando su nombre y la fecha de su visita. El atrevimiento de este visitante, un suboficial del Ejército del Aire de Jordania, le costó una multa de 120 euros por una falta de daños contra el patrimonio histórico. Además tuvo que pagar al Patronato de la Alhambra 200 euros en concepto de indemnización. Fueron vigilantes del recinto quienes lo sorprendieron "arañando" su apellido y la fecha del día: "Jaradat130811". 

En enero de 2012, una turista suiza fue detenida tras intentar rayar en la pared un corazón precedido de una inicial. Fue en una yesería de los Palacios Nazaríes y del caso se hizo cargo Instrucción 8. 

Por último, hace unas semanas, el 5 de julio pasado, dos estudiantes de Historia del Arte fueron pillados causando daños en Torres Bermejas. El juzgado de Instrucción 4 de la capital los dejó en libertad bajo fianza de 200 euros, tras abrir diligencias previas contra ambos por un posible delito de daños contra el patrimonio histórico. A ambos se les imputó por, presuntamente, ser quienes clavaron clavos en una pared de la Torre de la Puerta de Granada, hicieron una pintada (un dibujo de una persona) y colocaron una especie de figuras hechas a mano en unos árboles de la zona. 

Estos tres casos son los más graves registrados y todos ellos han acabado en los juzgados. Luego ha habido otros episodios en los que han tenido que intervenir los vigilantes del recinto pero en los que no se ha causado daño a ningún otro rincón del castillo rojo. Así lo confirma el jefe del servicio de la Oficina de Control de Centro del Patronato de la Alhambra y el Generalife, Pedro Martín Torices. 

Según cuenta este responsable del control del monumento, hace tres veranos, dos chicos de origen argelino forzaron la puerta del Museo de la Alhambra y accedieron a su interior, pero inmediatamente saltó la alarma y fueron retenidos. Otros intrusos fueron también sorprendidos dentro del bosque de la Alhambra hace un par de veranos. "No causaron ningún daño y fueron un poco ingenuos, pues intentaron acceder varias veces y, viendo que no podían, se trajeron material para intentar forzar una cancela y se lo dejaron allí". Eran cuatro jóvenes granadinos y su intención sólo fue "acceder" de noche al monumento, pero no causar desperfectos ni dejar sus huellas. Se les localizó ya dentro. Subieron por la zona del bosque de San Pedro y fueron encontrados en los jardines de El Partal. 

Torices confirma que, al margen de estos casos, las incidencias "son mínimas" gracias al sistema de vigilancia y control establecido en el monumento, así como a la concienciación ciudadana, pues los propios visitantes, ante cualquier agresión, conducta indebida o actitud incorrecta, dan la voz de alarma. 

El monumento tiene una vigilancia continua. De ella se encarga un servicio de seguridad privada que cuenta con 33 vigilantes. Se trata de un servicio permanente, que funciona las 24 horas y que también gestiona el sistema integral de seguridad y el circuito cerrado de televisión. "Hay un vigilante permanente en nuestro centro de control y el resto están en el exterior del monumento haciendo sus rondas", señala Torices. El monumento se revisa "a diario". El servicio de seguridad está dividido en zonas de vigilancia y los equipos están especializados en las diferentes áreas que tienen asignadas. 

Después hay otro servicio, que es el de control e información y que se encarga de controlar el itinerario de visita pública durante el horario de apertura del monumento. En este servicio trabajan 85 peones de control e información divididos en varios turnos. "En cada turno -detalla el jefe de control- hay 22 personas, que están situadas en la Alcazaba, el Generalife y los Palacios Nazaríes". 

Además de los 33 vigilantes y los 85 peones de control e información, hay diez oficiales y otras diez personas que se ocupan de la atención al visitante "y que también contribuyen a la protección del patrimonio". En total, por tanto, son unas 140 personas las que custodian el conjunto monumental si se suma el personal de los diferentes turnos y servicios. 

En el turno de mañana, por ejemplo, pueden trabajar entre 40 y 50 personas al servicio de la vigilancia y control del monumento. En el de tarde, otras tantas. Y una vez que se cierra el monumento a la visita, el servicio que se queda es el de seguridad. Por la noche, hay una media de seis vigilantes custodiando los espacios alhambreños, los cuales cuentan con el apoyo de las 85 cámaras de televisión que hay instaladas por todo el recinto. 

Torices confirma que, en general, el comportamiento del turista, ya realice la visita en grupo o de forma individual, es "bastante bueno". Sí admite, no obstante, que hay muchas personas que sienten el deseo de tocar la Alhambra, y palpar una columna o una yesería es algo que está prohibido. Es por ello que se acaban de implantar unos paneles táctiles, con yeserías, alicatados, madera y figuras de mármol, "para que el visitante pueda tocar, así como para que el monumento sea más accesible a personas con discapacidad". También persiguen estos paneles mostrar el deterioro, el efecto que se produce al palpar de forma repetida un elemento arquitectónico. Y es que tocar una vez no pasa nada, pero si lo hacen 8.000 personas al día, sí pasa. El objetivo del Patronato, como recuerda el responsable de la Oficina de Control, "es hacer confortable la estancia del visitante dentro del monumento" y, para ello, hay que poner medios. 

Volviendo a la seguridad, ésta varía según las épocas del año. De noviembre a febrero, la afluencia de visitantes es menor y hay zonas donde no hay que reforzar tanto la vigilancia. Sin embargo, entre marzo y octubre sí es mayor en ciertos espacios. 

Causar daños a un monumento como la Alhambra o a cualquier Bien de Interés Cultural (BIC) puede integrar un delito contra el patrimonio histórico, una infracción que conlleva penas de hasta 3 años de prisión. De hecho, el Ministerio Público califica como norma como delito estas agresiones cuando se producen. En Granada se encuentra la unidad de Policía Judicial adscrita a la Fiscalía Superior, un grupo especializado en la investigación de estas conductas y en los grafitos que afectan a edificios catalogados, además de en otras materias. Fuentes de dicha unidad indicaron que el año pasado descendieron este tipo de agresiones a los BIC de la urbe. Una buena noticia.


Fuente: Granada hoy